Marcelo Jeremías

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        Los músicos intuitivos pueden desarrollar una diversidad increible de argumentaciones sobre la realidad de su trabajo con el sonido. Así algunas ideas pueden tener una posibilidad de objetividad distinta de otras. Estas otras descripciones son entonces descripciones simplemente poéticas de fenómenos y procesos que a través del tiempo necesitaron ganar un cuerpo para concretar su forma.Todos los músicos somos intuitivos, porque con ese atributo comunicamos la música sin embargo al intentar traducir la música en signos necesariamente debimos reducir el problema de "hacer música" a cuatro o cinco conceptos muy básicos y de la misma manera ignoramos muchos significados acerca de las cosas a las que accedemos a definir más por sus consecuencias inmediatas o secundarias que por la constatación del objeto. Conocemos más del tiempo por un reloj o metrónomo como máquinas que mensuran la linealidad aparente de eso que llamamos tiempo pero no sabemos demasiado de lo que hablamos.


        De un modo semejante la música completa significados cuando miramos lo desconocido. Y así un compositor explora posibles nuevos significados del sonido a través de su obra, y eso lo constatamos en la originalidad con que los maestros de la música argumentaron su trabajo.


        De este modo damos con distintos enfoques de la historia al observar fenómenos particulares pero necesitamos contar a la vez con algún criterio para profundizar en distintos contextos, y a estos criterios podemos llamarlos conceptos estéticos o poéticos, considerando que en el mundo antiguo estas palabras carecían de la inocencia con que se las usa en los círculos intelectuales de hoy día.


        Las partituras son un reflejo del fenómeno musical con que podemos hechar una mirada al pasado y así enterarnos de los distintos puntos de vista acerca del tratamiento de los sonidos, los criterios particulares de consonancia y disonancia, instrumentaciones, procesos modales y tonales, metáforas armonicas. De este modo una partitura es un ojo con el que accedemos a un pasado o instante de tiempo (como una fotografía) para observar algo que ya está inevitablemente en el mundo de nuestras ideas, aunque con una categoría de orden distinta y ese es el punto de reflexión, es decir que en la observación de la dinámica de los cambios podemos encontrar lecturas y significados diversos acerca de definiciones exageradamente concretas de lo que significa la palabra tono, modo, ritmo o acorde.
 

                                          M.J.